lunes, 27 de octubre de 2008

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Hay ocasiones en las que la tranquilidad se apodera de tu vida. Se puede llamar indiferencia e incluso apatía, pero a la que me refiero es a la del tipo en la que no encuentras problemas, o los ves tan lejanos y tan hipotéticos que no tienen un reflejo en tu actual existencia. Vives el día a día, te entretienes con cualquier cosa cuando tienes todo el tiempo del mundo, o cuando tienes trabajo o tareas acumuladas no te da tiempo a pensar, y al llegar a casa y enfrentarte a esa cama tan vacía que a veces ha dado pie a noches de insomnio, das las gracias por tener todo el espacio que necesitas para descansar. Y es quizás una vida un tanto mecánica y robótica pensarán algunos, pero es realmente satisfactoria cuando en tus ratos libres estás bien acompañada, y son esos momentos los suficientes como para hacerte sentir bien, incluso en ocasiones feliz.

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